sábado, 8 de febrero de 2020

Cojo el sentimiento con el puño. Lo levanto hacia el aire y lo observo. Se proyecta una fuerza destructiva e imparable, como un pegamento que revuelve mi conciencia. Y dejo que la tristeza en el núcleo se vuelva más diminuta, ignorando su presencia. Vuelvo a observar mi mano, negra como la noche, putrefacta y estéril. Mi mano que ya es pena entera, que ya está muerta.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Me soñé soñándome a mi misma, bendita y vacía, sepultada entre tinieblas.
Me soñé como una minúscula partícula de tiempo, en un intervalo de espacio tan real y violento como este mundo mío que se planta ante mi, obsoleto y congelado, sangrante como la noche.
Me soñé como llanto que humedece cabellos, como ojos sin brillo de lunas.
Me soñé silenciosa y eterna, lloviéndome, gota a gota, desde el alma hasta las manos.
¿Cómo me digo que me soñé y desperté, pero aún no sé si sigo soñando o como dijo Poe tan sólo soy un sueño dentro de un sueño?